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viernes, 6 de diciembre de 2013

Guía de viaje a Sudáfrica de Nelson Mandela, por Telma Aloni.

           Estatua de seis metros de Nelson Mandela

Telma, una amiga argentina, comparte una experiencia única. Este relato o notas de viaje me lo contó en casa Teatro Art de la actriz Malena, tras la  actuación de esta última, en el patio típico del Eixample barcelonés. Cuando terminó le dije si lo tenía escrito que me lo enviara para colgarlo en el blog. Es un recorrido por África (Sudáfrica) muy diferente a la mirada y los poemas de mi amigo y novelista Bruno Galindo, lo que demuestra que existe un continente africano a la medida de cada uno de nosotros. Es su relato de Sudáfrica, no el relato de Sudáfrica, no habla de pobreza, no de paro, ese es otro relato, habla desde su punto de vista personal y honesto que ya es bastante, casi nadie lo hace, todos quieren emitir criterios y salvar el mundo. Es evidente que lo retomo en mi post por la muerte de Mandela, yo desgraciadamente no he podido visitar Sudáfrica, no obstante, ¿para eso no están los amigos? Para llenar vacíos, mejor aún, poblar ausencias de sueños o viajes insatisfechos.
Arsenio Rodríguez Quintana, blogger.


I
En Sudáfrica encontré once lenguas oficiales, una geografía espectacular, con extensas llanuras, montañas, playas de aguas color zafiro,  vida salvaje, gran variedad de plantas,  aldeas tribales, modernas ciudades,  polifacética población y una historia llena de aventuras. 
Un país donde los descedientes de ingleses prefieren el ckicket, los descedientes de holandeses el rugby y la mayoria negra el football. Ni que decir mi sorpresa cuando charlando con unos cuidadores de elefantes me mencionaron que conocian al ¡Tata Martino!, nuevo entrenador argetino del F. C. Barcelona.
Descubrí que comer en Sudáfrica es un poco como comer en la Argentina, porque no hay mejor manera para los sudafricanos de comer que no sea una típica parrillada (braai) además del típica vaca, se puede encontrar carne de jabalí, de cocodrilo o de avestruz...y en lugar de nuestro clásico puré de papas, se acompaña con una porción de PAP, mazamorra blanca de maíz.


II
Mi primer escala fue Jhonasburgo conocida como la "Ciudad del Oro", donde en 1886 se descubriera el depósito de oro más rico del mundo. Allí conviven casas de latas con hermosas residencias protegidas por muros.
Me alojé en Sandton City que es ahora donde se ha transladado el centro turístico con los shoppings de alto nivel y la plaza Mandela con una impresionante escultura de seis metros que lo recuerda.
A corta distancia está la famosa ciudad negra de Soweto, cuna de la resistencia al apartheid, que incluye entre sus puntos de interés, la casa en que residió Nelson Mandela antes de ir a prisión. Más que un suburbio, se trata de una urbe de unos dos millones de personas, llena de coloridos contenedores transformados en tiendas y peluquerías, donde la vida transcurre al ritmo pegajoso del kwaito, la particular mezcla sudafricana de hip-hop y house que está tan a la moda. También visité el Museo del Apartheid, un lugar tan emocionalmente, demoledor y necesario. Una especie de Auschwitz sudafricano donde el país intenta reconstruir la memoria del Estado que durante todo un siglo la mayoría negra fue sistemáticamente segregada, golpeada, pisoteada y discriminada.



III

El Parque Nacional Kruger -una de las reservas de vida salvaje más importantes del planeta, cuenta con más de 800 especies de animales, incluyendo entre ellas: cebras, jirafas, guepardos, hipopótamos, chacales, hienas, antílopes, impala, kudu, springbok, waterbok, eland, gemsbok, cocodrilos, víboras, iguanas, y una notable y colorida variedad de pájaros.
Mi alojamiento a la vera del Río Sabie en bungalows integrados con la naturaleza rodeada por el sonido de los pájaros fue un encantamiento, que pronto desapareció cuando me comunicaron que debía madrugar al día siguiente para el realizar el primer Safari.
Apunte: los animales se pueden observar principalmente a las primeras horas de la mañana y al atardecer.
Me levanté a la hora indicada, y subí al Land Rover que nos llevaría al parque.
Lo avisado era cierto, la tempertura era muy baja y habia viento, mi atuendo "semi urbano" dejaba pasar el frío, así que milagrosamente el conductor y guía  me alcanzó una frazada en la que me envolví hasta la cabeza.  
Sólo escuchaba las exclamaciones de mis compañeros de viaje.... !JIRAFAS....!CEBRAS....OOH UN LEÓN ESTA MUY CERCA!!!!....yo seguía impeterrita en mi envoltorio, hasta que dos sombras oscuras recortadas contra la luz del amanecer me sacaron de mi letargo y conseguí la mejor foto de mi viaje, no por calidad, sino por  haber podido captar ese mágico instante.



IV
Parto de la zona de la reserva natural del parque Kruger y viajo por la llamada Ruta Panomara,  hacia “Joburg”….me asomo  por la “Ventana de Dios”, y contengo el aliento ante el majestuoso cañón del Blide River de 33 km. de largo, tallado por la erosion millones de años.
 Atravieso enormes plantaciones de mango y bananeros y me deleito con un delicioso “crêpe” en una ciudad que me hace creer que estoy en Holanda, y dejo con nostalgia esa tierra rojiza y exuberante para tomar el avión que me lleva a la bella Cape Town.
Cape Town, Kaapstad, Ciudad del Cabo....Una joya engarzada entre el mar y las montañas, de una naturaleza abrumadora y en donde los diseños arquitectónicos son tan variados que nos parece transitar por el túnel del tiempo a diferentes épocas, desde los diseños vanguardistas estilo holandés del Cabo, que fue adoptado por los agricultores de ese país cuando se asentaron en la zona en 1700 o al  estilo victoriano del elegante Victoria & Alfred Waterfront.
Impacta visitar la zona del Bo-Kaap, un barrio perteneciente a la comunidad malaya también conocido como barrio musulmán a pasos del centro de la ciudad, pero “piadosamente” situado fuera de las murallas de la misma en la época colonial.
Las opciones de los alrededores son una más atractiva que la otra: Subir en el teleférico a la Table Mountain, icono de la ciudad, y recientemente votada mundialmente como una de las 7 Maravillas Naturales del mundo moderno.
Visitar El Cabo de la Buena Esperanza e imaginarse la emoción del navegante portugués Bartolomeu Dias, cuando en 1488 lo descubrió, abriendo así el camino entre el Atlántico y el Índico al comercio europeo hacia Oriente. Bartolomeu Días, fue no solo un pionero en encontrar el camino entre Europa y las Indias, sino en “marketing” ya que originalmente, había bautizado al mencionado cabo como “Cabo das Tormentas” pero, claro, con ese nombre no resultaba muy “atractivo” para reclutar marineros o colonos para afianzar la ruta hacia Oriente y decidió cambiarlo por el muchísimo más “atractivo” que todavía lleva hoy en día.
En Gansbaai y a media hora de Hermanus, está  el mejor lugar para ver ballenas.  Sumergirse en el océano en una jaula de acero galvanizado para “acariciar” tiburones blancos. Uno de los pocos lugares del planeta donde éstos gigantes de los mares se acercan tanto a la costa para verlos tan de cerca. Embriagarse con el paisaje y la cata de vinos, en ciudades con más de 300 años de historia como Stellenbosch o en Franschhoek. Y luego, hacer la Ruta Jardín un recorrido maravilloso entre Cape Town y Port Elizabet son una sucesión de experiencias difícilmente inolvidables.
Granjas de Avestruces, cuevas milenarias, santuarios de elefantes, reserva de pájaros, románticas posadas y como broche final, experimentar la adrenalina que supone balancearce en el Tisikammana National Park en el puente colgante sobre el Storm River.
Despues llegaron un par de días en una reserva privada, donde me sentí parte de alguna de las tantas románticas películas sobre África….aunque Robert Redford… nunca apareció.
La partida fue al amanecer….en el inmenso horizonte  se divisaba la silueta de una manada de antílopes corriendo hacia la libertad….y más que nunca entendí aquello que una vez había escuchado…”Puedes dejar África, pero Africa nunca te dejará a ti”….



             Telma Aloni en el Cabo de Buena Esperanza.

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